Esta Casa
No conozco ni mi espalda
mucho menos sus muletas.
Mi espalda ni bien sea
de este pedazo de papel
su apoyatura,
su pellizco de fuego
… y el rastro humeante
no será mas que mi pecho;
cuenca y antípoda
de ciertos órganos descompuestos
que no veo.
Mi espalda la tapa oculta
y mi pecho una olla tiznada
donde se cuece un corazón marchito.
PEÓN
Arráncale al peón negro su sombra
cuando la luz del cuarto
apenas escupa en tus tormentos.
desplázalo al compás de su avanzada
que la sombra también avanzará.
huye al clarear
y descansa.
porque la huella insomne del pasado
irá plantando en tus yemas
Ese salto diagonal al cuadro blanco
que de tánto trastabillar
no darás en tu siguiente jugada.
En otra vida…
En otra vida seremos como árboles.
vendrá de arriba el sol a copular
las mil nervaduras de nuestro sexo…
no diremos nada.
tremolarán nuestras hojas
solo al golpe del viento.
Creceremos con el mismo vértigo
de la pendiente
donde hincan nuestros pies
sus meándricos dedos.
No musitaremos ni el dolor
ni el júbilo
de ver en nuestra piel
la tibia eclosión
de una flor aparecer.
En otra vida se nos caerán las hojas
sin mas argumentos.
Vendrán los amantes tórridos
a guardar secretos crepusculares
no habrá memoria de caricias
que se prendan en el suelo de los tiempos.
No estará el tiempo ni su sombra
queriendo mojar de luz al día
y de sueños a la noche
En otra vida,
por fortuna no seremos sino
el otoño y el invierno
pasando…
como cuando pasan unas manos
por las ramas curtidas
de nuestros brazos pétreos.
Mercurálea
No están ellos aquí,
yo tampoco.
No están
de mi ni,
éste lápiz, ni
las cuencas áridas de mis ojos.
nos disputamos
Ellos y yo
Un corazón de Hada
en la calle…
ellos,
se apretaron su penumbra
yo,
me calcé la capa
mercúrea
para esconderme.
No están
ni
de sus manos
ni
de su pecho.
rapto en ausencia
de sus hados
aquel corazón espurio
y a saltos,
recorro lo que queda…
tan poco de ellos!!
y de mi tampoco.
ronda de humo
Estos dóndes sin porqués!
parado…
Foto de fuego,
gota de esperma.
empuño en vano
el humo de agua
que va brotando
de mi última pavesa.





febrero 14, 2011 a las 4:43 pm |
Tal vez el por què y el dònde haya sido hallado…
febrero 14, 2011 a las 4:44 pm |
(hayaN sido halladoS)
marzo 31, 2011 a las 12:10 am |
bravo!
abril 28, 2011 a las 1:52 am |
El apogeo (Lunes Aeternam)
Psiqué, hermana mía, escucha inmóvil, y tiembla.
La dicha llega, nos toca y nos habla de rodillas.
Estrechémonos las manos. Sé grave. Escucha aún… Nadie
es más feliz esta noche, más divino que nosotros.
Una ternura inmensa atrae entre las sombras
nuestros ojos semi-cerrados. ¿Qué queda todavía
del beso que se calma, del suspiro que se pierde?
La vida ha dado la vuelta a nuestro áureo reloj de arena.
Esta es nuestra hora eterna; eternamente grande.
La hora que sobrevivirá al efímero amor
como un velo impregnado de rosa y lavanda
conserva, cien años después, la juventud de un día.
Más tarde, hermosa mía, cuando noches ajenas
hayan pasado sobre ti, que ya no me esperarás,
cuando otros, acaso, amiga de las suaves manos,
celosos de mi nombre, rozarán tus pies desnudos.
Acuérdate de que un día vivimos los dos juntos
la única hora en que los dioses conceden, un instante,
a la cabeza inclinada, a la espalda temblorosa,
el puro espíritu vital que huye con el tiempo.
Acuérdate de que una noche, en nuestro lecho,
acariciándonos con deseos ansiosos de unirse,
cambiamos de boca a boca
la perla imperecedera en la que duerme el recuerdo.
(P.L.)
…
Creer en el Amor porque es la más pura Desesperanza. Adorar la Belleza con porque es desgarro, malicia inasequible, que nos hace tan diminutos.
Así viviremos siempre, poeta. Aunque la eterninad termine ayer.