Cuento reciente

Tumor de musa


Y por si fuera poco,  después de tantos intentos fallidos que acentuaban su fracaso, tal como una palabra que perdiera sentido en su boca al cabo de ingentes esfuerzos por recuperarla en el umbral de una razon a punto de desbordarse, una bola de carne -antítesis segura de la Rousset de Maupassant – crecía campante sobre la raíz de su dedo meñique izquierdo. Se abstenía de palparla, bien fuera porque le producía  impresión verla ahi, tumefacta, creciendo orgullosamente a expensas de su dolor, o porque temía constatar la dureza típica de un tumor maligno. Con ocasión de tres consultas a internet supo distinguir los síntomas táctiles de un tumor de envergadura aun cuando le faltaban agallas para asegurárse de la naturaleza de esa bola impertinente y dolorosa que, las mas de las veces interrumpía cualquier arrobamiento estético acostumbrado en sus horas de soledad, ocupadas todas ellas en paseos aleatorios por el parque arqueológico ubicado, para su fotuna, al pie del patio de su casa.

Era zurdo, lo cual complicaba en más el ejercicio de escribir. Porque escribía. Por lo general se ocupaba de escribir pequeñas reflexiones a manera de notas sueltas, nada pretenciosas, aunque indicativas de sus actividades rutinarias. Eran como un breviario de sus andares, sin musas ni ángeles iluminadores. Notas tan solo; asomos suscintos de opiniones a libros e incluso a artículos ligeros de revistas para la digestión. Con  cierta meticulosidad conservaba un régimen estacional para sus notas: en meses de lluvia procuraba comprar fichas de color verde y escribía con tinta roja comentarios a libros amarillos y otro tanto hacía en días de sol intenso procurándose esquelas rojas y una tinta verde para libros azules. También es de notar que había establecido una simpática taxonomía, sin atisbo de rigor, de sus libros de bolsillo según cierto “orden” emocional. Con la lluvia inducía sobre su persona una depresión gratuita que en la medida en que leía los pasajes más sombríos de un Conrad o un Kafka desafiaba la incertidumbre resultante trocándola por una carcajada, pero el dolor aparecido al antojo de aquel tumor no podía convertirlo en gesto de confort o de alivio.

La lectura de algunos clásicos desde Villon hasta los románticos siempre propició en sus notas un estilo hímnico; una instancia emotiva que encumbraba como en un pedestal de nubes cada palabra del  comentario que saliera de sus manos, mientras que a modo de reacción facial profería muecas similares a las de un niño que comiera verduras a regañadientes, pero el dolor de aquella tumefacción pútrida creciendo subcutáneamente potenciada en el instante de escribir sus notas, convertía el juego en un amasijo gestual donde el dolor, ese dolor salado primaba por sobre cualquiera de aquellos rituales. Se diría que el dolor amenazaba de frente la esencia de un juego ensayado otrora tiempos en que se propuso llenar de notas su biblioteca.

Un juego cuyos jugadores existían dentro suyo, en sus manos alzadas palmoteando espectros desvaídos a la par de sus ideas, en su rostro dúctil estirando la mueca con que alteraba el nudo de alguna narración, en las notas de colores danzando con el aire del calefactor de la biblioteca; todo ello sin contar con sus autores predilectos y sus antagonistas insoslayables. La bitácora del juego iba registrándose en sus notas con la minucia que solía utilizar durante sus lecturas en las tardes del parque, pero el dolor del dedo meñique izquierdo oficiaba de aguafiestas. Y por si fuera poco la amarga aceptación de sus fracasos eclipsaba el goce buscado, al margen del dolor. Sabía que  era un don nadie.

Tumbado sobre una piedra rugosa con forma de reptil petrificado, le sonreía cada tanto a sus fracasos asi solo fueran imaginados, advertidos. Cuando la lluvía caía como bautizando su descanso resignado, celebraba impetuosamente leyendo a gritos el párrafo del libro que coincidía con el comienzo de la lluvia; de igual forma, casi a gritos, surgían los dolores del tumor. Esa eclosión inusitada rompía alevosamente las reglas del juego; impedía  la acción conciente de poner al revés un efecto emotivo, por una reacción inconciente que alguna terminal nerviosa, inoportuna y caprichosa se interponía produciendo el gesto de dolor justo allí donde había dolor.

Intentó mas de una vez suspirar con un suspiro anhelante al compás de las punzadas, pero no fue posible suministrarle al suspiro ese hálito sincero de un suspiro suspiro. Sintió pesar de si mismo para su pesar y acto seguido vio como su colección de notas  de colores en medio de un devaneo súbito que le arrancara el dolor,  diluíase por acción de una lluvia que se precipitaba solamente sobre su cuerpo. Quiso romperlas una mañana en que frente a la hondonada hecha de limo y piedra gris  musgosa donde cierta vez había ubicado el “séptimo círculo del infierno”, lugar propicio para repasar demónicos cantos de la Divina Comedia, vio el cielo mas cercano que nunca y se preguntó si también el cielo podría como el sol en el solsticio de verano estar mas próximo a la tierra. Allí tumbado de nuevo, bañado por un sol seco y rocoso escogió para romper el siguiente comentario: “Si no hay duende en las artes mediocres como García Lorca sugiere, ¿Duende está la musa?”. Recordó las lágrimas vertidas durante la lectura de aquel libro amarillo.  Tembló al sentir una nueva punzada en el dedo y fue rasgando renglón a renglón su intonso comentario.

Trás un par de semanas la hinchazón cobraba visos de estallar por cualquiera de los flancos. Visitó al médico quien ordenó de inmediato cirujía poco después de dictaminar por análisis de biopsia que se trataba de una carnosidad producto de la formación de células gigantes. Semejante dictamen le produjo risa. Una risa sardónica que solamente al calor del juego, le había arrancado una lectura abúlica e impasible a los planes de desarrollo que publicara la presidencia de la república en 2006. Pensó para sí en una dinámica larvaria desperdigada por todo su cuerpo produciendo impacientemente células gigantes. Con amargura musitó para si un comentario de nota que nunca pudo escribir: “Soy un gigante en la producción de tejido inútil; soy diminuto en la producción de gestos fulgurantes; nunca entendí una sola palabra leída, porque ¡cómo no haberlo percatado! andaba produciendo carnosidades dolorosas”.

Al cabo de la cirujía el médico guardó en un frasco transparente aquel abseso rosado como encintado con filamentos blanquecinos en forma de cinturones, apurándoselo a la camilla para que lo observara cual embrión de parto anticipado. Miró aquella masa por un par de minutos queriendo introducir un dedo, cualquier dedo, sumergirlo en el líquido que lo conservaba, y palpar la bola juiciosa y serenamente. Lo hizo a buen recaudo y con una cautela semejante a la del médico durante la extirpación. Comprobó su dimensión y respiró de alivio. pero ya nada le dolía. Salió del hospital sintiendo que, por si fuera poco ahora había que inventar para los poemas  de un Rubén Darío o un Bécquer   por ejemplo, dolor similar al que flotaba en el frasco , pero después de todo, lo que decidió hacer de inmediato, a parte de otros comentarios banales, fue escribir a mano este relato.



Advertisement

5 comentarios para “Cuento reciente”

  1. pacho la plata Dice:

    Pues entramos en la pagina y ahi estamos leyendo.
    Esta muy chevere y variado

  2. Diana Dice:

    Me gusto mucho!!! definitivamente cualquier historia puede envolvernos cuando se sabe contar… y usted definitivamente tiene la conexión para que uno se pueda transportar….”el séptimo círculo del infierno” ja! como me pone a recordar!!!

  3. lola Dice:

    Qué bueno tener a disposición sus escritos, gracias (el acento Kafkiano es un dulce recuerdo de lo que se es)
    Abrazos

  4. Juan D. Cadena Junior Dice:

    La sensación de una angustia siempre en persecución me recordó a Arlt. El absurdo evocó a Gógol. La melancolía me llevó a acariciar la complejidad psíquica de algún Dostoyievsky. El fracasado protagonista me hizo pensar en mí.

  5. mauricio rios Dice:

    que cuento mas hermoso, recuerdo la protuberancia de su dedo,
    !!!pero no recuerdo su lastimero suplicio!!!!

Deja un comentario

Fill in your details below or click an icon to log in:

Logo de WordPress.com

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Cambiar )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Cambiar )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Cambiar )

Connecting to %s


Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.